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7 Segundos bastan para causar una primera impresión

La primera impresión en una cita de trabajo, una junta corporativa o en una relación personal es importante porque de aquí dependerá el resto.

Hay situaciones en la vida en la que es importante causar una buena primera impresión, por ejemplo, si lo que se desea es conseguir un contrato. Y es que, en este tipo de situaciones, probablemente solo se tenga una única oportunidad para proyectar una buena impresión.

Bastan solo 7 segundos para formarnos una idea sobre una persona que acabamos de conocer, lo que llamamos: PERCEPCIÓN. Al momento de ver a alguien por primera vez, nuestros sentidos están alerta, captando la información de los estímulos que se manifiestan en el lugar: visuales, auditivos, olfativos, táctiles y hasta gustativos. Ésto, establece rápidamente una relación entre la percepción, expectativa, experiencias y conceptos registrados en la mente de cada individuo para entonces emitir un JUICIO, que además generará un sentimiento de “aceptación” o “rechazo”.

Este rápido proceso inicia con los estímulos visuales. Solo con observar la postura de una persona, su forma de caminar, cómo viste (características, colores, formas), sus movimientos corporales, gesticulación, cuidado personal y contacto visual que ejerce. Algunos tips para completar con éxito la prueba visual son:

1.- Adueñarse del espacio y tener una buena ubicación dentro del espacio donde están ubicados. Al lograrlo, siempre se debe tener una buena postura, se debe evitar cruzar los brazos, bostezar, morder los labios y jugar con plumas, lápices, etc. Todos estos movimientos envían señales contraproducentes como aburrimiento, ansiedad, resistencia a nuevas ideas y nerviosismo.

2.- Una vez establecido el contacto visual con la otra persona, una sonrisa puede crear un ambiente optimista y positivo. Pero lo más importante mantener un contacto visual el 85% del tiempo que dure la conversación. Esto te ayuda a ganar la confianza de la otra persona y demostrará interés por la conversación.

3.- En cuanto a la vestimenta, se recomienda usar prendas con las que te sientas cómodo y seguro, y con prendas adecuadas para la ocasión. También se deben cuidar los detalles, la higiene es imprescindible, los hombres deben cuidar su pelo y barba. Las mujeres deben evitar usar demasiado maquillaje, usar tacones muy altos y un perfume demasiado dulce.

El segundo punto importante son los estímulos táctiles, como el contacto con alguna parte del cuerpo o superficie, por ejemplo, con un saludo de mano o beso en la mejilla. El apretón de manos debe ser breve, pero intenso, sin llegar a hacer daño a la persona a la que se saluda. Los apretones flojos denotan falta de energía, cierta fragilidad y timidez. También es bueno recordar que cuando se da la mano a una mujer no se debe ejercer tanta fuerza como cuando se da la mano a un hombre, pero tampoco debe hacerlo de forma muy floja. Debe ser un gesto breve, de una intensidad moderada.

Los estímulos auditivos como el volumen de la voz y su ritmo son muy importantes, así como las expresiones usadas, además del ruido ambiental que puede llegar a distraer. Se debe tomar en cuenta lo siguiente:

1.- Poner el celular en silencio o apagarlo. No hay nada más molesto que estar conversando con alguien y que su teléfono suene constantemente.

2.- En el momento de entablar una conversación, lo elemental es escuchar. Evitar interrumpir a la otra persona, a pesar de sentir la necesidad de explicar algo o corregir algún dato. Cada uno tendrá su momento para hablar.

3.- El tono de la voz es una parte fundamental de la imagen que se proyecta. Las personas que hablan de manera monótona son poco inspiradoras y quienes utilizan un tono demasiado bajo parecen inseguros. El problema más común es hablar deprisa, pues el mensaje pierde fuerza y se puede parecer ansioso.

Los estímulos olfativos, engloban el aroma de una persona y el olor en el ambiente. Incluso si hay sabores en el momento de conocer a alguien pueden ser importantes.

Con estos estímulos, somos capaces de asignarle un adjetivo calificativo y tajante a alguien como: agradable, formal, impecable, pulcro, seguro, profesional, entusiasta; o en caso negativo: sucio, arrogante, cansado, informal, nervioso y poco profesional.

Pareciera un proceso largo, exagerado e imposible de experimentar en 7 segundos, pero así es, sucede todo el tiempo en el ámbito profesional y personal.

Si bien es cierto que en algunas ocasiones podemos llegar a conclusiones equivocadas respecto a las personas que apenas conocemos, es más probable que no estemos muy lejos de la realidad, por lo general, “somos en gran medida lo que parecemos”, la apariencia, forma de hablar, lenguaje corporal y actitud es una proyección de nuestra personalidad.

Pasados esos 7 segundos, si hay mayor disponibilidad de tiempo y convivencia, seguramente lograremos conocer mejor a la persona, sus competencias, habilidades y profesionalismo, cambiando o ampliando la imagen que nos hemos generado de ella; pero hay que tomar en cuenta que esta segunda reflexión será influenciada ampliamente por la predisposición de aquella primera impresión.

Considerando este comportamiento como algo natural, usual y hasta inconsciente en el ser humano, relacionado incluso con el sentido de supervivencia, vale la pena hacer un análisis de lo que proyectamos. Identificar si es congruente con lo que somos, pensamos y si abona o resta a nuestras aspiraciones profesionales, es aquí cuando hablamos de la importancia de tu “Imagen Profesional”. Identificar qué proyectas, qué estímulos emites y por lo tanto qué percepción estás generando en tu entorno laboral.

La imagen profesional es cuestión de códigos de comunicación, por lo tanto, es posible trabajar en ella. Para esto existen herramientas y estrategias que se pueden implementar, contribuyendo así al logro de tus objetivos personales y profesionales.

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